La competencia es compitiendo

Aquellos que abogan por el libre mercado y la libre competencia, casi siempre lo hacen también por la desregulación y la no participación del estado en el mismo.

Hoy no deseo entrar en ese tema, pues rápidamente escala a la esfera política y mi idea hoy no es esa. Mi deseo hoy es compartir unas ideas relacionadas con la forma como he visto moverse al mercado y a quienes participan en él.

El sueño de muchas personas de negocios (por lo menos de muchas que he conocido) es que les den el uso exclusivo de algo, o el derecho exclusivo de explotación de algún territorio, que les den una licencia o algo de este estilo, que les permita tener una ventaja sobre el resto de jugadores.

Las noticias de nuestros días están llenas de casos donde para lograr estas cosas, estas personas de negocios se alían con políticos o reguladores, quienes a cambio de dinero o apoyos de algún tipo, les conceden esas ventajas.

Me parece que este comportamiento es un contrasentido, si de verdad estos personajes creen en la libertad de competencia, ¿por qué no son capaces de jugar con dados sin cargar?; muchas de estas personas de negocios se benefician de prebendas, legislaciones y poderes especiales que les garantizan, de una forma u otra, un estatus especial y preferente en el ecosistema donde trabajan.

La tecnología se ha convertido en un elemento disruptor de estas dinámicas, transmutando poco a poco el alcance de estas prebendas o por lo menos, exponiendo a estos personajes a la influencia de otros espacios más grandes, donde no pueden tener tanta influencia.

Cuando se estudia con detenimiento la forma como muchos de los actuales modelos de negocio entraron en crisis, nos encontramos con espacios donde las reglas estaban cargadas y la innovación disruptiva generó unas nuevas.

Es así como los medios de comunicación, la banca, el transporte y muchos espacios más, han tenido que volver a barajar las cartas y adaptarse a los nuevos ambientes que se han generado. Las primeras reacciones son siempre tratar de regular la innovación o el cambio, cosa que al contrario genera más afán de cambio; la gente ya sintió las ventajas y el nuevo valor generado, así que será muy difícil que las obliguen a volver atrás.

Hace algunos años en una conferencia que impartí sobre gobierno abierto y cómo este influye en la competitividad de los países dije algo que se me ocurrió justo ese día y que me detuve a escribir para que no se me olvidara: ‘la gente no quiere justicia, sino injusticia a su favor’ y si lo aplicamos al tema de esta nota, me parece que la frase sería algo como ‘la gente quiere libre mercado, mientras que las reglas le favorezcan’.

Los tiempos actuales requieren que se genere valor real, que se solucionen verdaderos problemas que le importen a alguien, y que el ecosistema no tenga que cargar con las distorsiones que generan ‘los dados cargados’ y las ‘cartas marcadas’.